Mi abuela Anita
Anita Carrasco, esposa de Isidoro Diéguez: una vida marcada por la guerra y el exilio
En abril de 1942, Dolores Ibárruri dirige una carta a Anita Carrasco:
“Querida Anita: Te sorprenderá quizás ver mi nombre al pie de esta carta. Yo hubiera querido escribirte para darte una alegría, pero desgraciadamente la vida no da a nosotros pocos momentos de alegría.
Anita: Las mujeres de los revolucionarios, las mujeres de los hombres que han dedicado su vida a la defensa de los derechos y de los intereses del pueblo, deben ser fuertes como sus compañeros, y deben pensar que la vida sólo merece vivirse dedicándola a esta causa justa y gloriosa.”
En la carta, Dolores habla a Anita de la caída de su marido, de su decisión de regresar a España para organizar la resistencia y de las noticias llegadas desde Cuba sobre su detención y posterior fusilamiento.
“Sé fuerte, y ayuda a tu pequeño hijo para educarle en el espíritu de lucha y de gloria de su padre.
Te abraza con cariño,
Dolores Ibárruri”
La destinataria de la carta, Anita Carrasco Cambronero, tenía entonces veintinueve años. Se encontraba en la Unión Soviética, evacuada a Ufá tras la invasión alemana, separada de su marido y, durante meses, también de su hijo.
Ana —Anita— Carrasco Cambronero nació el 4 de abril de 1912 en Barcelona.
Era hija de Rogelio Carrasco Álvarez, natural de Madrigal de la Vera (Cáceres), y de Damiana Marcelina Cambronero Martínez, nacida en Budia (Guadalajara) en 1883. Creció junto a sus hermanas María, Agustina y África Carrasco Cambronero. Según relató su hijo, Jorge Diéguez, su abuelo trabajaba como herrero en el ejército, lo que obligaba a la familia a desplazarse con frecuencia; las hijas nacieron en distintos lugares de España antes de que la familia se estableciera en Madrid.
En Madrid trabajó como mecanógrafa y, durante la Segunda República, desarrolló su actividad en el Ministerio de Aviación, en el entorno del general Ignacio Hidalgo de Cisneros. Según la Gaceta de Madrid (n.º 308, 4 de noviembre de 1935), su hermana María Carrasco Cambronero se presentó a las pruebas para trabajar en la base de Cuatro Vientos (Madrid). Esta información se ve reforzada por el testimonio de Enrique Castro Delgado, que en Hombres made in Moscú la menciona como “mecanógrafa del Aeródromo de Cuatro Vientos”. Ambos elementos permiten situar a las hermanas Carrasco en el ámbito de la aviación republicana en esos años.
En ese contexto, Anita ingresó en el Partido Comunista de España en 1937.
En esos años conoció a Isidoro Diéguez Dueñas, dirigente comunista y una de las figuras más relevantes del partido en Madrid durante la guerra.
Se casaron en Madrid en abril de 1937, en una ceremonia civil a la que asistió Francisco Antón, secretario del PCE de Madrid en aquel momento. Testimonio de aquel acto es el certificado de matrimonio —o, más bien, lo que queda de él—, ya que Anita lo rompió, enfadada por el “abandono” de su marido cuando, en 1939, decidió aceptar la misión del PCE.
El último día de julio de 1938, en Murcia, nació su hijo Jorge. Anita se había refugiado en la ciudad junto a su familia, donde se encontraban sus hermanas María y Agustina Carrasco, así como el marido de esta, Jesús Carpena Molina. Mientras tanto, Isidoro Diéguez Dueñas dirigía la defensa de Madrid como secretario general del PCE en la capital y miembro de la Junta de Defensa, el órgano encargado de gobernarla durante el asedio de las tropas sublevadas.
El 24 de marzo de 1939, ocho meses después del nacimiento de Jorge, la familia se encontraba en Totana (Murcia), desde donde partieron en uno de los aviones que evacuaron a miembros de la dirección del PCE y a sus familias.
El vuelo les llevó a Argelia, donde los refugiados fueron distribuidos en distintos centros de internamiento. A la familia Diéguez le correspondió permanecer durante un tiempo en la antigua Prisión Civil de Orán. Posteriormente, siguieron la ruta del exilio hacia Francia y, desde Le Havre, embarcaron rumbo a la Unión Soviética, desembarcando en el puerto de Leningrado.
Mientras Anita iniciaba este recorrido, su hermana María Carrasco Cambronero, obrera y militante comunista desde 1931, salía de España por otra vía.
María Carrasco Cambronero fue la primera esposa de Luis Cabo Giorla. En 1935, Cabo Giorla fue seleccionado para ingresar en la Escuela Leninista Internacional, centro de formación de cuadros de la Internacional Comunista en el que se prepararon numerosos dirigentes del PCE durante esa década. A su regreso de Moscú, expuso sus impresiones sobre la Unión Soviética ante una asamblea de militantes en Madrid. En 1936 asumió la máxima responsabilidad del comité del PCE en Madrid, cargo que desempeñó hasta 1937. En ese comité participaban, entre otros, Isidoro Diéguez Dueñas —que sería su sucesor—, Guillermo Ascanio, Girón, Petronila, Mesón y Cazorla.
El 28 de marzo de 1939 Maria embarcó en el carguero Stanbrook desde el puerto de Alicante junto a miles de refugiados republicanos. Tras su paso por el norte de África, María fue trasladada a la Unión Soviética, donde trabajó como correctora en Ediciones y como traductora en la Federación Democrática Internacional de Mujeres, permaneciendo allí durante décadas antes de regresar a España en 1971.
Ya en la Unión Soviética, Anita trabajó como mecanógrafa en la Escuela de la Internacional Comunista en Planernaya, donde también seguía formación política. La documentación del archivo de la Komintern confirma que desempeñó estas funciones entre 1939 y 1941 como mecanógrafa del centro. Poco después de su llegada, la vida familiar quedó fragmentada.
Isidoro Diéguez Dueñas fue enviado por la dirección de la Internacional Comunista a Nueva York para coordinar las actividades del PCE en América. Durante esos meses, entre 1940 y 1941, mantuvo una correspondencia constante con Anita y con su hijo. Se conservan al menos quince hojas de papel muy fino, todas ellas iniciadas con la misma fórmula: “Querido Jorgito y mamá”.
En ellas, Isidoro intenta sostener la vida familiar a distancia: pregunta por el niño, imagina su crecimiento y propone pequeños gestos para mantenerse presente. Sin embargo, tanto las propias cartas como algunos comentarios posteriores de su hijo, Jorge Diéguez, dejan entrever la tensión que provocó esa separación. Anita habría vivido la marcha de Isidoro como un abandono, llegando a reprochárselo, y afrontó en soledad el cuidado de su hijo en un contexto marcado por la incertidumbre. Las cartas reflejan así una relación sostenida a distancia, atravesada por el afecto, pero también por el desgaste de la separación. Jorge no volvería a reunirse con su padre.
En junio de 1941, con la invasión alemana de la Unión Soviética, las estructuras de la Internacional Comunista fueron evacuadas hacia el interior.
Anita fue trasladada a Ufá y posteriormente destinada a la escuela del Partido en Kushnarenkovo. En ese momento, su hijo —de apenas tres años— se encontraba internado desde julio de 1941 en el centro infantil denominado “Lesnoy Kurort”.
La documentación del archivo de la Internacional Comunista recoge que el niño enfermó gravemente y que, según el criterio médico, su estado requería atención materna individualizada. La alerta llegó a Dolores Ibárruri a través de una carta enviada desde el propio centro por la esposa del camarada Peregás, quien informaba de la situación del niño y de su separación de la madre. A partir de esta comunicación, Dolores Ibárruri solicitó formalmente que Anita fuera destinada de manera urgente al centro para poder atender a su hijo.
Gracias a esta intervención, Anita pudo reunirse con él. Posteriormente, ambos fueron trasladados a la célebre Casa de Niños “Internacional” de Ivánovo, donde permaneciron entre 1943 y 1957.
Tras un periodo en el extranjero, Isidoro regresó clandestinamente a la península para reorganizar la dirección del partido, fue detenido y fusilado en Madrid en enero de 1942. Anita no conocería la noticia hasta abril de ese mismo año, cuando recibió la carta de Dolores Ibárruri comunicándole su muerte.
En 1957, Jorge se trasladó a Moscú para continuar su formación, ingresando en el Instituto Energético, donde estudió ingeniería y se especializó en automatización. En aquel contexto, se asumía que el Partido orientaba el futuro de los jóvenes exiliados hacia profesiones técnicas, consideradas esenciales para la reconstrucción de una futura España.
Fue también en esos años cuando, según recordaba Jorge, su tía María Carrasco atravesó una situación personal difícil, siendo ingresada en una clínica psiquiátrica. Desde el entorno familiar se solicitó entonces la presencia de Anita en Moscú para atenderla, lo que reforzó aún más los vínculos entre las dos hermanas durante su larga estancia en la Unión Soviética.
El resto de su vida transcurrió en la Unión Soviética, dentro de la comunidad de exiliados españoles. Allí vivió también su hermana María, con quien compartió durante décadas la experiencia del exilio.
Ana Carrasco Cambronero falleció en Moscú el 12 de septiembre de 1967.
Sus restos se encunetran en el cementerio “Viedenskoe” en Moscú.













